Llevar un perro joven o adulto a una casa donde ya existe uno, es posible; pero se deben supervisar los primeros encuentros.
Lo primero que hay que tener en cuenta para introducir un perro en una familia que ya cuenta con uno es si el nuevo can es cachorro o adulto. Así lo asegura José Manuel Leal, experto en adiestramiento canino. “Si es un cachorro de 2 meses, lo ideal es dejarlo en el patio y permitir que el perro dueño de casa lo olfatee y lo mire”, explica.
En el caso de ser un cachorro de más de 4 meses, el asunto se vuelve más complicado: “La ‘licencia’ de cachorro vence a esa edad, y en manadas o grupos de perros es común que un can se dedique a hacerle la vida imposible al último en la cadena jerárquica”.
Leal agrega que esto lo demuestran, por ejemplo, saltando sobre el perro de rango inferior. En todo caso, y a pesar de todo, el cachorro de a poco irá integrándose. “Es fundamental que el cachorro entienda las señales del adulto”.
Si el nuevo perro también es adulto, lo ideal es que ambos canes se encuentren en un terreno neutral, como una plaza, en la calle o en el antejardín del hogar. Esto último, eso sí, sólo si es que no es el ambiente habitual del perro dueño de casa.
El experto aclara que los perros deben estar amarrados con correa, para permitirles olfatearse e interactuar: “Primero por un minuto y separarlos, luego por dos minutos y así sucesivamente, cada vez alargando más los períodos si no hay respuesta negativa”.
Luego, explica, hay que soltarlos y observar cómo se comportan. “Ojalá la participación humana sea mínima, de una o dos personas máximo, y si los perros interactúan de buena forma, hay que estimularlos suavemente, sin movimientos bruscos o rápidos, para no interrumpir la atención entre ellos”.
Lucha de poder
Cuando los perros ya se conozcan, lo lógico es que se den las luchas de poder. En ese caso, Leal recomienda no intervenir para observar cuál es el dominante. “Son los propios perros quienes deciden quién es el líder o superior entre ellos; por lo mismo, es fundamental saber que no se puede tratar a los dos perros por igual”.
Según explica, hay que tratarlos de manera diferente, otorgándole al dominante todos los privilegios o beneficios. “El no seguir estas instrucciones puede provocar conflictos entre los dos”. El adiestrador concluye en que hay que evitar conductas como dar regaloneos, comida o tomar en brazos al perro de rango inferior en presencia del dominante, ya que una vez solos, el superior castigará al otro por pasar por encima de él.
Fuente: www.emol.com



