Hemos creído importante incluir en esta sección un apartado dedicado a la relación que se puede establecer entre los hamstercillos y los niños.
Los hámsters son animales cariñosos y simpáticos por excelencia, además de ser totalmente inofensivos, aspectos que abren un campo de posibilidades amplísimas frente al hermoso y sorprendente mundo de los niños, ya que a la mayoría de ellos les gusta amar a los animales y que éstos se lo demuestren.
Naturalmente, hay que tener en cuenta ciertos aspectos para que los niños, siempre sin querer, no puedan hacer daño. Al animalito que se tenga, antes que nada hay que aprender a conocerlo, es ese uno de los principios básicos para entablar una buena y correcta relación. Los hámsters tienen una gran adaptabilidad para la vida doméstica.
Es importante, también, que se enseñe a los niños a no maltratar a los animales, así como a respetar el espacio en donde habitan y que les pertenece. Cualquier animal, por más cariñoso que sea, necesita su propio espacio al que pueda recurrir cada vez que lo desee; si por el contrario no dispone de él, este factor le puede repercutir negativamente en su carácter. Por lo tanto, el niño deberá aprender, desde un principio, a respetar su espacio, así como también su libertad, ya que en según qué ocasiones, el hámster, como la mayoría de animales, buscará soledad y se alejará de la compañía. Es esto un hecho completamente lógico, sobre todo si tenemos en cuenta que a las personas os sucede lo mismo. Hay que enseñarle, pues, al niño a “respetar”, puesto que ésta es la primera regla para el principio de una buena relación.
El animalito debe gozar de tranquilidad y bienestar, y el niño no deberá resultar un obstáculo para él, sino una muestra de cariño y comprensión.
Una vez se haya enseñado estos aspectos al niño, y éste los haya asimilado como es debido, la relación que se establezca entre ambos será ya fruto del tiempo y de la confianza a la que mutuamente se entregarán para conocerse mejor. Naturalmente, no todos los niños están en edad de entablar relación con los animales, pues si el niño es todavía pequeño y no está en condiciones de comprender ciertas cosas, se deberá esperar a que crezca. Solamente cuando el niño tenga ya uso de razón suficiente como para entender y comprender a sus semejantes, estará en condiciones de despertarle ese amor que todos los humanos tienen, aunque esté escondido en alguna parte, por los animales.
El querer a los animales es algo muy hermoso, pero todavía es más hermoso que ese amor sea constante y forme parte de la cotidianeidad que pueda establecerse entre, los animales domésticos y los humanos. Los hámsters son muy adaptables y que no ofrecen ninguna resistencia al afecto. Como es natural, tienen que ganarse nuestra confianza, pero eso es sólo cuestión de paciencia y buena voluntad. Si se actúa con cariño, ya veréis como los resultados son inmediatos. Los niños, por lo general, muestran una gran curiosidad e interés por los animales, y más todavía si ven que éstos son pequeños e inofensivos, como es nuestro caso. En rarísimos casos se manifiestan agresivos y si lo hacen es para defenderse de algún peligr.
Para que gocen de buena salud y buen estado físico, la higiene es fundamental. La jaula deberá estar siempre limpia, pues son por naturaleza extremadamente limpios y si la jaula presenta suciedad, se encuentran incómodos e intranquilos. Tienen un pelo suave y sedoso, esto les encanta a los niños, sin embargo, hay que impedir que los niños les acaricien constantemente porque acabarían sintiéndonos molestos.
También las condiciones ambientales deberán ser del agrado del hamstercillo recién llegado. Les gusta la tranquilidad y por ello, se deberá colocar la jaula en una habitación de la casa que sea tranquila. Los alimentos que se proporcionen deberán también estar en buen estado y ser frescos. Los hámster duremen durante el día, y hacen la vida por la noche por eso sí su mascota está durmiendo no debe molestarla, pues a ellos tampoco les gustaría que los despertasen cuando están en pleno sueño.
También hay que vigilar que no estén en corrientes de aire, ya que son tremendamente perjudiciales para nsu salud. Los niños, por lo tanto, deberán aprender a no abrir ventanas o puertas que puedan establecer frecuentes corrientes de aire, porque pueden resfriarse y tener graves problemas físicos.
Habrá que enseñar también al niño a no cometer “locuras” con; como por ejemplo, a no dejar a su mascota suelto por el balcón, ya que correría el peligro de caerse, o bien a no acercarle a estufas o radiadores, así como tampoco a ventiladores, etc. … Es sabido que en cualquier casa hay numerosos peligros para todos, ya sea para los niños, los animales o incluso para los adultos, aunque estos últimos son los que se deben encargar de enseñar cuáles son estos peligros y cómo evitarlos.
En un principio pues, el niño que desee jugar con su hamstercillo, deberá ser vigilado de cerca, y si éste pretende hacer alguna travesura, advertirle que no se debe hacer, pues de esta forma el niño aprenderá que es lo que se puede o no se puede hacer. Como es natural, ello implica paciencia, pero también se acaba obteniendo una satisfacción cuando se observa la relación del niño con su mascota. Lo más probable es que el niño acabe hablándole a su hámster y revelándole sus pequeños secretos, como si éste fuera su cómplice más fiel. El hamstercillo, le manifestará su cariño, acercándose a él para ser acariciado y demostrándole con insistencia y afecto y compañía.
Fuente: peluzzo.com

muy bien hecho ahora tengo mis dos hamsters por esta pagina que me ayudo
gracias
Que bueno leer eso Maria :), gracias por tu comentario!