Duermen con ellos, les dan de comer en la boca, y sufren un vacío muy grande ante el fallecimiento del animal.
Varias personas que confiesan que los quieren como si fueran sus hijos comparten sus historias.

Los suelen calificar como parte de la familia, como sus hijos, les dan de comer en la boca, comparten su cama y sienten un vacío muy grande cuando ellos los abandonan para siempre. Son personas que tienen una identificación muy especial con sus perros y no sienten culpa por llevar esa relación.

Si bien no se puede generalizar, muchas de las personas que mantienen este tipo de vínculos con sus mascotas pueden evidenciar cierta carencia para lograr lazos afectivos con los seres humanos.

“No hay que olvidarse que se trata de un animal, no de un hijo y la cuestión puede ser que algunas personas pueden llegar a tener dificultades para establecer nexos sociales. No se puede poner todo en el animalito. Hay que ver qué le ocurre a esa persona que necesita sentirse acompañada por su perro”, expresó a minutouno.com la licenciada en Psicología Doris Saslavsky.

Andrés Lorenzo (28) tiene un perro que se llama Tom y es un integrante más de su familia. “Come con nosotros sentado en el piso, y le damos su cena en la boca”, dijo. Y lo ven como un hijo. “Lo bañamos en nuestra misma bañadera y cuando lo llevamos en el auto va sentado en el lugar del acompañante”, agregó.

Muchas de estas personas que mantienen una relación enfermiza, o al menos especial, con sus perros deciden llevarlos consigo cuando van a comer a algún restaurant, especialmente los que ofrecen la posiblidad de sentarse al aire libre sin darse cuenta que con sus ladridos o su sóla presencia puede molestar al resto de los clientes.

“Fue terrible, un vacío muy grande”

Alejandra (35) todavía recuerda con nostalgia a la perra que tan feliz la hacía cuando vivía con su mamá y con su hermano. Cuando la mascota murió todo fue tristeza en la casa. “Fue terrible, un vacío muy grande. Era la primera que me recibía y siempre con mucha alegría, no como los otros miembros de la familia donde su estado de ánimo dependen del día que tuvieron”, expresó.

Como si no bastara con lo que contó, Alejandra siempre llevaba a su perra cuando se iba de vacaciones y cuando visitaban amigos que tenían una casa que, obviamente, no le dejaban afuera a su mascota. Pero esa pasión también incluía otro tipo de actividades.

“Compartíamos todo, incluso la habitación. Ella dormía conmigo en el acolchado a la altura de los pies. Cuando yo estudiaba para la facultad ella estaba sentada con el hocico apoyado en mi pierna y hasta que no cerraba los libros ella no se acostaba”, dijo.

Como si todo esto fuera poco Alejandra comentó que cuando su familia se sentaba a ver una película en el sillón, la perra tenia una ubicación “del lado izquierdo. Y ahí no se sentaba nadie más”, dijo. Increíble, pero real.

“Tengo dos hijos: Froid y Vanina”

Para Saslavsky es importante que esas personas tengan claro que sus mascotas no deben ocupar todos esos lugares afectivos, “pero de ninguna manera los animales pueden sustituir otros vínculos afectivos”.

Pero todavía hay más. “Tengo dos hijos: Froid y Vanina”, afirmó Alicia sin ningún tapujo ya que el primero de ellos es un cocker dorado de 7 años y medio. “Compartimos salidas, caminamos mucho juntos y cuando me divorcié estaba tan deprimida y él fue el único ser vivo que estuvo conmigo y es por eso que lo amo tanto”, concluyó.

Fuente: www.minutouno.com