Al ser más regalones y estar más cerca de sus amos, las razas pequeñas son más susceptibles a los cambios.
Si un perro repentinamente se pone más agresivo, deja de comer, presenta diarrea, decaimiento, lloriquea, se rasca excesivamente, bosteza o se lame constantemente sus extremidades puede estar presentando un cuadro de estrés.
Así lo explica la veterinaria María Inés Bombin, y agrega que los sucesos o cambios fuertes en la rutina de los perros, como la muerte de un amo o el encierro (sobre todo si es ante la presencia de hembras en celo) les pueden producir este problema.
El estrés canino, según la especialista, se puede dar desde el nacimiento, cuando los perros dominantes someten a los más indefensos. “Pero por lo general son los perros de razas chicas los que más sufren de este problema, porque son mucho más regalones”.
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